no puedes hacer nada para despertar, cede y relájate, porque ese tú que quiere despertar, parte, del conocimiento de saber que hay algo que despertar, es el saber lo que ocupa un lugar en lo que es Puro y completo. El saber surge de lo que es natural, corrompe tu Ser y lo llena de proyectos e ilusiones. No te equivoques, despertar no es como crear una empresa o hacer una carrera, no conlleva tiempo y esfuerzo, no es como diplomarse o aprobar un curso.

La ilusión por despertar no es divina, es solo un engaño. Puede ser que estés eufórico, con ganas del logro sobrehumano. En la luna de miel del despertar, puede ser que lo esotérico haya entrado por tus venas, y te hayas vuelto un adicto a la espiritualidad y a la búsqueda, pero estás engañado. No hay logro, eso que buscas es lo que ahora te está respirando, estás respirando tu Ser y es demasiado simple como para que lo veas. Créeme es muy simple.

El despertar, es despertar a ese que quiere despertar, es abrir los ojos a la necesidad, a la idea de que eres carente, porque finalmente esa es la ilusión, el drama de la escasez, pero tu apellido es perfección. Y surgen los pensamientos espirituales que te empujan, que dicen: ¡todavía no lo tienes, todavía no eres completo! ¡Con el tiempo lo conseguiré!

Tú no puedes hacerlo, porque hacer es un movimiento, algo añadido, y tú no necesitas añadir nada para Ser, porque eres el Ser; esta es la gracia, el gran chiste. El final de la búsqueda es el comienzo de la libertad del buscar, el primer paso es liberarte de tener que buscar. ¿Te das cuenta de la trampa? Tú eres el aparente problema, eso que cree y persigue, o va detrás de algo llamado despertar espiritual.

No sirve de nada que escuches lo que digo y te plantees dejar de buscar, no pretendas dejar de buscar, eso es otra pretensión, entonces te reunirás con tus amigos los espirituales en vuestra tertulia semanal y les dirás: ¿sabes que estoy dejando de buscar? Ya no busco nada. Se habrá convertido en otra creencia, en otra religión. Les dirás que estás cansado, pero en verdad no lo estás, porque cuando estás al límite de la extenuación entonces no vuelves a la carga, simplemente rindes devoción a lo divino y la búsqueda termina. Es posible que expreses a la gente, la nueva idea de dejar de buscar, les dirás que no hay nada que buscar, pero algo en ti sigue buscado, tú sabes que sigues buscando y solo lo niegas, ese es el juego de la pretensión de buscar.

Te has convertido en el buscador que busca dejar de buscar. Dirás que ya no eres un buscador, ese yo no buscador es todavía un yo buscador, eso es todo, por mucho que te autoconvenzas, por mucho que lo niegues. La no búsqueda es otra modalidad de búsqueda. Esto no consiste en que lo ocultes, eso lo hace el ego, le encanta que creas que sabes lo que haces, que sabes cómo funciona, pero no lo sabes, nadie lo sabe, yo no sé cómo funciona, solo sé que yo no sé. Vuélvete silencioso, eso es todo.

Este es el secreto que se revela cuando no sabes, se revela la incertidumbre porque en ella somos libres.

La plenitud comienza con el fin de la carencia. El final de la intención termina reluciendo lo que Ya Es. Intención, significa pretender, pero, ¿puede el Ser pretender? El Ser no pretende, es el yo el que pretende. Despierta de la pretensión. Vuélvete perezoso si quieres, vuélvete vago en tu objetivo, no tengas miedo, tus intenciones no son importantes.

Es hermoso, porque cuando empiezas a observar la pretensión, todo cambia; el despertar cambia, las intenciones cambian, ya no intentas llegar hacia un objetivo, si no que disuelves la ilusión del objetivo y con ello cae el tiempo. Porque sin tiempo, solo queda el presente, y en el presente es donde está el despertar auténtico.

Muchos quieren despertar, pero temen dejar su camino, y ese puede ser el último impedimento, el más duro de abandonar. Es muy duro abandonar la idea de que tú no eres espiritual, devoto, buscador, etc. Crees que fracasarás si dejas de buscar, pero no hay fracaso, porque jamás hemos perdido nada y no existe nada que conquistar. Descubrir la verdad puede dejarte sin éxito, con la fragancia de la sencillez de este momento, pero sin éxito.

Todos los que se conocieron así mismos, fracasaron en el nivel del buscador; todos coincidimos en ello, no escucharás a un yo que diga: “me he iluminado”, lo he logrado; eso no tiene ningún sentido. De lo que todos están contentos y alegres, es de la fragancia del Ser, pero no queda nadie que diga “yo lo he conseguido”, porque allí no queda nadie.

Un “yo”, no puede lograrlo, hacerlo, conquistarlo; es justamente cesar en lo que quiere el yo, lo que es el despertar espiritual. Cesa, la máscara del fingimiento de ser carente, y con ello todo impulso de perpetuar algún tipo, de saber qué es lo mejor para ti.

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